Hace años todo el mundo tenía una cámara de fotos. No podía faltar en una casa, para las vacaciones, cumpleaños, fiestas, y cosas así.

La llegada de las cámaras digitales fue una de cal y una de arena, ya que por un lado podías hacer montones de fotos, tenerlas al momento y compartirlas sin tener que andar prestando los carretes y que no volvieran, pero por otro lado, la calidad de esas fotos distaba mucho de ser buena. Los ordenadores se llenaban de fotos, pero nos parábamos a verlas menos que los clásicos álbumes. Porque no es lo mismo echar un vistazo a las 32 fotos de las vacaciones (unas 60 si llevabas dos carretes y te atrevías a cambiarlos tu mismo, con el riesgo de quedarte sin fotos), que ver las 200 del último día de campo. Y eso que aún veníamos con la idea de las cámaras analógicas de que una foto se hacía una vez, ahora podemos juntarnos con cuatro o cinco repeticiones de la misma, y guardar las cinco «por si acaso».

El siguiente salto, la cámara del móvil. Si con las cámaras digitales podías hacer montones de fotos y compartirlas fácilmente, con estas lo de compartir es instantáneo (aumentando considerablemente la cantidad de fotos que podemos llegar a juntar). Pero si con las primeras cámaras digitales hablábamos de pérdida de calidad, no digamos con el móvil. No por la cámara en si, los teléfonos de hoy en día tienen una calidad impresionante, pero ahora es cuando llegan las aplicaciones de mensajería y retoque. Al mandar una foto por facebook o whatsapp estamos reduciendo su tamaño drásticamente. Pero si además le metemos filtros con aplicaciones demasiado básicas, o hacemos recortes extremos, podemos encontrarnos fotos hechas con el último iPhone, pero con la resolución de un sello de correos (eso si, con colores contrastados y saturados).

Pros, podemos hacer muchas fotos. Contra, que hacemos muchas fotos. Un cliente me dijo una vez que con las cámaras de carrete hacíamos 24 fotos y veíamos las 24, ahora hacemos 1000 fotos y no vemos ninguna. Tal cual, tenemos la memoria del teléfono llena de fotos que, después de hechas, nos olvidamos de ellas. Y ese es el motivo por el que he comprado una cámara de fotos, para volver a tener fotos que ver.

Al último viaje me llevé una cámara de fotos compacta que tenía abandonada en casa. Años después, la calidad de las fotos se vio resentida, nuestros móviles hacían mejores fotos. Aún así, al llegar a casa vacié la tarjeta de la cámara al ordenador, y pensé en hacer lo mismo con las de los dos teléfonos que llevábamos. Al final esas no llegaron al ordenador, y las que hemos usado para hacer un álbum del viaje, o imprimir para colgar en el salón fueron las de la cámara vieja.

Puedes decir que siendo fotógrafo, ¿por qué no me llevo la réflex a las vacaciones?. Lo primero, porque es una herramienta de trabajo. Y lo segundo, porque es un armatoste que pesa mucho para cargar con ella todo el día. Además, que lo que yo buscaba para las vacaciones es una cámara de apuntar y disparar (como el móvil, vaya), y es absurdo cargar con una cámara tan grande y pesada para usarla en automático, habiendo opciones mejores. Así que vendí una réflex pequeña que hacía tiempo que no usaba (con pequeña me refiero a tamaño normal de reflex para aficionado, comparadas con la Canon 5D es pequeña y ligera), y por casi la mitad de lo que saqué por ella me compré esta, una Lumix TZ100 de segunda mano.

Llevaba tiempo detrás de ella. Sensor de una pulgada, fotos en RAW, ajustes manuales y vídeo en 4k, son algunas de las características que hacen que, aún siendo de tamaño reducido, la calidad de las fotos sea similar al de una réflex de bajo coste. Y claro está, superando con creces a las de mi móvil.

¿Ventajas de una cámara de fotos frente a la del móvil? La principal, que estamos ante una máquina que está diseñada exclusivamente para hacer fotos, por lo que toda la atención del desarrollo está en ese punto. La expecialización es lo mejor siempre. Una termomix que cocina cualquier alimento está muy bien para el día a día, pero al final como está buena una carne es en la barbacoa. Aquí lo mismo. Y entre otras cosas:

  •  El zoom óptico de la cámara de fotos hace que te puedas acercar a la escena sin perder calidad. En el móvil la mayoría de las veces se usa el zoom digital (que viene a ser lo mismo que hacer una foto normal y luego recortar y ampliar lo que quieres que se vea).
  • El sensor más grande, en especial los de las cámaras de una pulgada como esta. No os fijéis en los megapixels. Un móvil con 40 megapixels no es mejor que una cámara de 20. Apretar tantos píxeles en un sensor pequeño trae consigo, entre otras cosas, que aparezca grano más fácilmente. Los sensores pequeños de los móviles captan menos luz que los de las cámaras compactas, y una fotografía se hace de luz.
  • El excesivo procesado de la imagen en el móvil (reducción de ruido, filtros de belleza o fondo desenfocado) hace que la imagen se degrade más. Además, estos filtros veréis que ni en el último iPhone son totalmente realistas, solo hay que ver el espacio entre los pelos en una foto con el filtro de fondo desenfocado. Este efecto se consigue fácilmente con una cámara compacta, simplemente jugando con el zoom y separando al sujeto del fondo.
  • Y lo que para mi es lo más importante, las fotos en el móvil se olvidan. En la cámara están localizadas en la tarjeta de memoria, en el móvil suelen estar también en la carpeta DCIM, aunque según dispositivos o aplicaciones de cámara que usemos, pueden estar en una ubicación u otra. Sin hablar de las aplicaciones de galería, donde nuestras fotos se mezclan con la infinidad de imágenes y vídeos que nos llegan por los chats.

Por cosas como estas prefiero una cámara compacta para ocasiones especiales. Para el día a día está el móvil, pero para las vacaciones no me parece la mejor opción (mucho menos la réflex). Que su uso normal va a ser en modo completamente automático se sabe ya. Pero tener la opción a controlar ajustes como diafragma, obturador, ISO, sincronización del flash, balance de blancos, o posterior revelado del RAW, da pie a tener las mejores fotos posibles cuando el automático no lo consiga. Porque tener una cámara manual no significa que se deba usar siempre en manual, pero si es bueno poder hacerlo si sabes cómo, para sacarle todo el jugo.

Te digo más, incluso alguna vez he sacado a funcionar una réflex de carrete, por el simple hecho de obligarme a pensar la foto. En la tarjeta que tengo puesta en la Lumix, disparando en RAW, me caben algo más de 500 fotos. Un carrete de los grandes lleva 36. ¿Ves la diferencia? La principal es que no se dispara a lo loco. Se calculan las fotos, se piensa la composición, se trabaja antes de disparar y no después. Y a modo entrenamiento para mi trabajo funciona muy bien.

Volviendo a la Lumix, perdiéndome por los menús y las funciones he encontrado cosas tan interesantes como que puede hacer timelapses y stop motion (te mantiene en transparencia la anterior foto para que sepas cuanto mover los elementos de la escena), montándote al final el vídeo con la velocidad de fotogramas que tu le digas.

En fin, creo que se nota lo contento que estoy con este nuevo juguete. Pronto terminamos la temporada de bodas de este verano, y podemos planear una escapada para que la cámara conozca mundo. Veréis los resultados.

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